En la última milla, la presión es constante. Entregas que no pueden fallar, clientes exigentes, rutas cambiantes y equipos en campo que deben resolver sobre la marcha. En este contexto, muchas operaciones terminan funcionando en modo reactivo, apagando fuegos todos los días. Ahí es donde aparece una diferencia clave que define el desempeño operativo a largo plazo: operar con urgencia versus operar con control.
Aunque ambos enfoques pueden lograr que las entregas “salgan”, el impacto en costos, equipo, clientes y crecimiento del negocio es completamente distinto. Entender esta diferencia es fundamental para cualquier gerente de operaciones que quiera escalar sin perder estabilidad.
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