En muchas operaciones de última milla, el día no empieza con un tablero de control, sino con un celular lleno de mensajes, llamadas y pendientes. Supervisores preguntando “¿ya llegó?”, repartidores avisando por WhatsApp y clientes solicitando estatus en tiempo real. Este escenario es una señal clara de una alta dependencia del seguimiento manual en operaciones de entrega.
Aunque este tipo de seguimiento suele surgir como una solución rápida, con el tiempo se convierte en un cuello de botella que consume recursos, genera errores y limita la capacidad de crecer. Reducir esta dependencia no significa perder control, sino todo lo contrario: significa construir una operación más clara, predecible y escalable.
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